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domingo, 23 de diciembre de 2012

Carlos Alberto Montaner: "ya hay síntomas de que en el velorio del Caudillo comenzará una seria crisis entre sus delfines"

chavez

Fidel Castro se despide de su amigo Hugo Chávez

por Carlos Alberto Montaner


(FIRMASPRESS) Hay fricciones serias en el ámbito chavista.

Diosdado Cabello quiere aplazar la toma de posesión de Chávez. Aparentemente, su propósito es darle tiempo a que se cure. Gente del entorno chavista opina que quiere darle tiempo a que se muera. Para él es más fácil maniobrar sin Chávez que con el caudillo respirando.

Es el escenario temido en La Habana. Fidel Castro, que sabe más que nadie de la salud de Hugo Chávez, el 15 de diciembre, en un breve texto construido dentro de la estructura de un obituario convencional, despidió en vida a su discípulo y les mandó un mensaje a los chavistas.

Así concluyó su escrito el viejo Comandante:“Tengo la seguridad de que ustedes con él, y aún por dolorosa que fuese la ausencia de él, serían capaces de continuar su obra”.

Esta es la parte clave del comunicado. El resto es un cortés e intrascendente relleno.

Poco después de escrita esta nota se anunció que el presidente venezolano había tenido una insuficiencia respiratoria que los médicos habían conseguido aliviar. Antes, durante la operación, lograron controlar un peligroso sangramiento que lo puso al borde de la muerte.

En todo caso, el pronóstico es que Chávez, salvo que suceda algún milagro, hasta que expire, sufrirá frecuentes y crecientes problemas derivados de la debilidad general de su organismo, como cualquier enfermo de cáncer en la fase final de la enfermedad. Paradójicamente, la quimioterapia, que a veces contribuye a curar el mal, otras parece acelerarlo.

¿Tendrá razón Fidel Castro y los chavistas podrán continuar la obra del líder de la revolución bolivariana? Pero, ¿cuál es, en realidad, la obra de Chávez? 
En estos catorce años, este militar ha construido el estado más corrupto de América Latina. Según Transparency International ocupa el número 166 de un total de 176 países escrutados en el planeta.

Caracas, con 130 asesinatos por 100 000 habitantes, es la segunda ciudad más peligrosa del mundo. (Chicago, que es el matadero de Estados Unidos, apenas alcanza los 19).

El nivel venezolano de inflación anual, 29%, es el más alto de América Latina y uno de los peores del globo.

De ser un país receptor de inmigrantes, ha pasado a ser una insensible maquinaria de expulsión de venezolanos educados y emprendedores. Se estima en unos 500 000 los que se han radicado en el exterior, 200 000 mil de ellos en Estados Unidos. Se van con sus conocimientos y, cuando pueden, con sus capitales, hacia otros destinos más prometedores. Ésa es una incalculable sangria.

No obstante ser el país peor gobernado de América Latina, que ha visto cerrar 107 000 empresas durante el chavismo (de un total de 600 000), un 55% de los venezolanos votó por esa ríspida y empobrecedora manera de organizar la convivencia en las elecciones del pasado 7 de octubre.

¿Por qué? Porque el gobierno utiliza una parte sustancial de sus ingresos en lo que llaman “gasto social”. Unas treinta “misiones” se ocupan de instruir, subsidiar el consumo, curar enfermos y distribuir recursos de una manera terriblemente ineficaz, pero suficiente para comprar voluntades y generar una enorme red de clientes políticos y estómagos agradecidos.

¿Seguirá Nicolás Maduro, el heredero designado por Chávez, ese modelo de gerencia disparatada y corrupta, lenguaje incendiario, lucha de clases, antiamericanismo estridente, creciente estatismo, destrucción del tejido empresarial productivo y abundante e incosteable asistencialismo, fomentador de la dependencia y la irresponsabilidad ciudadana?

¿Es ese barullo revolucionario lo que Fidel Castro desea preservar, o son los diez mil millones de dólares anuales que Cuba recibe del gobierno de Venezuela por diversos conceptos, cifra publicada por el Instituto de Estudios Cubanos de la Universidad de Miami, incluidos 115 000 barriles diarios de petróleo?

Francamente, es difícil que el heredero de Chávez, quienquiera que sea, continúe por la senda trazada por el caudillo bolivariano. La deuda del país ha pasado del 35% del PIB en 1998 al 71% en el 2012. Una caída de los precios del petróleo generaría una catástrofe tremenda.

Obviamente, ya hay síntomas de que en el velorio del Caudillo comenzará una seria crisis entre sus delfines. No hay consenso en quién debe ser el heredero o en qué consiste el engendro legado por Chávez. Lo que todos saben, tirios y troyanos, es que el país va por muy mal camino.


Publicado por El Blog de Montaner

domingo, 21 de octubre de 2012

Carlos A. Montaner: la nueva muerte de Fidel (ojalá que ya cesen los ensayos)

La nueva muerte de Fidel Castro

por Carlos Alberto Montaner
Castro
(FIRMASPRESS) Cada cierto tiempo se esparce el rumor de la muerte de Fidel Castro. Es casi una costumbre. Rutinariamente, los medios de comunicación ponen al día sus obituarios y se preparan para el gran entierro. Esta vez “la noticia” partió de Venezuela y parecía verosímil. Fidel llevaba varios meses en silencio total y se decía que era la consecuencia de un severo episodio cerebro vascular que casi lo había liquidado. Como se trata de un anciano de 86 años gravemente enfermo, no era nada sorprendente. A estas alturas, lo extraño no es su muerte, sino su terca insistencia en mantenerse vivo. Parecía acertado morirse en el 50 aniversario de la Crisis de los Misiles. Todo un amable detalle histórico.

Al fin y al cabo, se sabe que su mausoleo está listo en el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, a 765 kilómetros de La Habana, muy cerca de la tumba que guarda los restos mortales de José Martí. Se sabe, también, que el muy previsor Raúl Castro tiene escrito el parte de prensa y muy ensayada la liturgia del esperado deceso. Si hay algo que no va a sorprenderle es la muerte de su hermano. Él es una persona organizada. Siempre ha estado pendiente y dependiente de Fidel, y así será hasta el último minuto. No ignora que Fidel le moldeó totalmente su existencia desde que era un adolescente. Cuando Raúl piensa o dice que “le debe la vida a Fidel” es algo rigurosamente cierto. Fidel “lo hizo” de punta a rabo, como el escultor que talla una figura de madera. Como Gepeto hizo a Pinocho.
Probablemente, primero el féretro será velado en La Universidad de La Habana o en la Plaza de la Revolución. Le harán guardia de honor algunos de los más vistosos veteranos de Sierra Maestra que lo sobrevivan. Luego el cadáver recorrerá la carretera central desde la capital hasta Santiago de Cuba, la ciudad de donde partió a hacerse cargo del poder el 1 de enero de 1959. A Fidel, muy cauteloso, le tomó una semana hacer ese recorrido rodeado por multitudes entusiastas. Desandar ese camino, ya muerto, pero cubierto por la bandera cubana, le tomará algo menos, pero también será una marcha lenta. Si examinan el ritual comprobarán que los muertos, en todas partes, siempre van despacio. Dentro de la escenografía revolucionaria, ese último acto, cargado de simbolismos, tiene cierta importancia. Genio y figura, nunca mejor dicho, hasta la sepultura.
No tiene sentido suponer que Raúl Castro esconderá la muerte de su hermano. ¿Con qué objeto? Él tiene en sus manos todos los resortes del poder. Cuando ocurra, a las pocas horas de ser notificado el general-presidente, las emisoras de radio comenzarán a tocar marchas militares y temas fúnebres, y algún locutor consternado anunciará con voz engolada la hora en que el portavoz del gobierno, o el propio Raúl, se dirigirá a la nación para hacer un anuncio importante. En ese momento, ya todo el mundo supondrá de qué se trata y la noticia, deliberadamente filtrada, será recogida por todas las agencias de prensa internacionales.
Desde el punto de vista psicológico el suceso tiene mucha importancia. Tres generaciones de cubanos han nacido y crecido a la sombra de Fidel. Aunque todo el mundo espera su muerte, la noticia será un mazazo y el régimen hará todo lo que esté a su alcance para subrayar el dolor de la población, como hicieron en Corea del Norte cuando murió Kim Il Sung o en España tras la muerte de Franco. El duelo, piensan, sirve para cohesionar a las masas.
¿Y qué va a pasar entonces? Sin duda, seguirá, inexorable, el proceso de abandono y negación del caudillo muerto. Ocurre siempre. Si no lo hace el propio Raúl, lo hará su sucesor. Stalin, que era como Dios en la URSS, se murió en marzo de 1953 en medio de un millón de promesas de adhesión eterna a su memoria. Su gloria sólo duró hasta febrero de 1956. Durante el Vigésimo Congreso del Partido Comunista hicieron trizas su memoria. A Fidel le ocurrirá lo mismo.


Publicado en El blog de Montaner

domingo, 7 de octubre de 2012

#HayUnCamino Carlos A. Montaner: Venezuela ¿El fin del disparate?


Carlos Alberto Montaner


Carlos Alberto Montaner es uno de los periodistas más leídos del mundo hispánico. La revista Poder calculó en seis millones los lectores que semanalmente se asoman a sus columnas y artículos, reproducidos en docenas de diarios y revistas. Ha publicado unos veinticinco libros de ensayos y narraciones. Divide su tiempo entre Madrid y Miami.
¿Quién ganará las elecciones venezolanas? Hay encuestas para todos los gustos

Yo me quedo con la de Consultores 21, una empresa seria, fundada en 1974, dirigida por un profesional prestigioso, Luis Christiansen. ¿Por qué elijo esta encuesta y no otra? Por tres razones: porque los resultados de su último survey concuerdan con los de las recientes elecciones a diputados; porque Henrique Capriles ha hecho una extraordinaria campaña mientras Chávez se ve enfermo y sin una sola idea; y porque se palpa entre los demócratas venezolanos un espíritu de triunfo que no había visto en los 14 años que ha durado el sobresaltado manicomio bolivariano.
Según este estudio de opinión pública, hecho en 1546 hogares de electores de todo el ámbito nacional “que seguramente votarán”, lo probable es que el 7 de octubre Henrique Capriles Radonski obtendría entre un 52 y un 54% de los votos. Es decir, ganaría, si se confirma el pronóstico, por un margen de 600 a 900 mil sufragios. Naturalmente, mientras mayor sea la diferencia, más difícil será para el chavismo hacer trampas. Esta vez la oposición tiene representantes en todas las mesas electorales –casi cuarenta mil– comprometidos a hacer respetar el voto.
Es posible, claro, que el resultado sea otro y Chávez gane las elecciones. La distancia no es mucha y cae dentro del margen de error. (Más bien margen de horror). Ese desenlace no hay que descartarlo totalmente. Hay un punto en el que su gobierno supera ampliamente a la oposición: la ilimitada cantidad de recursos para movilizar a su clientela política y llevarla a cualquier costo hasta las mesas de votación. Una cosa es la intención de voto y otra diferente el acto de votar.
Para los chavistas será mucho más fácil llegar a la urna y regresar a la casa. A los empleados públicos, por una parte, los vigilan y amenazan. Por la otra, en muchos casos, los alimentan, remuneran y transportan. La oposición no tiene un solo elemento de coacción para movilizar a sus partidarios, ni recursos para trasladarlos.
Ya se vio en los mítines de cierre de campaña. La multitud que aplaudió a Capriles estaba exclusivamente compuesta por caraqueños entusiasmados que acudían a la cita cívica espontáneamente. El chavismo, en cambio, más allá de su núcleo fanático duro (en torno al 20% de su militancia) es una imponente máquina de intimidar y sobornar. Puro palo y zanahoria.
En todo caso, ¿qué debe hacer la oposición venezolana si gana las elecciones? Prepararse para tratar de reducir el daño que harán los chavistas en la despedida. Como los piratas, se llevarán hasta las campanas de la iglesia. Será un final parecido al de Nicaragua tras la derrota de los sandinistas en 1990: tres meses de saqueo inclemente, de “piñata”, y de minar el terreno con toda clase de ilegalidades para dejarle al próximo gobierno una situación complicadísima, muy diferente al espíritu de colaboración con que (ingenuamente) se recibió a Chávez en 1999.
¿Y si Capriles pierde? ¿Y si gana Chávez por un puñado de votos? Entonces será tremendamente importante que la oposición se mantenga unida en torno a Capriles y a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), porque el fin del chavismo, gane o pierda las elecciones, está tan próximo como disponga el severo cáncer que sufre su líder.
De acuerdo con la constitución venezolana, si el presidente muere antes de cumplirse la mitad de su mandato, el gobierno tiene que convocar a elecciones de inmediato y, por extraño que parezca, pese a que Chávez es el peor gobernante venezolano de los últimos cien años, es el único personaje de esa vertiente política que posee liderazgo y poder de convocatoria. Cualquier otro candidato, como suelen decir los españoles, sería pasado por las urnas sin contemplaciones.
Los próximos comicios han sido convocados para el 16 de diciembre del 2012. En esa fecha los venezolanos deben renovar todos los gobiernos y parlamentos regionales. Si la oposición se mantiene unida, cualquiera que sea el desenlace de este domingo 7, barrerá y tendrá el control de una parte creciente del país. Sería una insensatez destruir esa milagrosa hazaña de la unidad democrática. Especialmente ahora, que están casi al final de este inmenso disparate.
Periodista y escritor. Su último libro es la novela La mujer del coronel.
CARLOS ALBERTO MONTANER | @FirmasPress | @ElPoliticoWeb

Publicado por El Político

miércoles, 19 de septiembre de 2012

C.A.Montaner: "...el principal enemigo del régimen es el propio estilo de Gobierno castrista, con su histeria permanente..."

Cuba o la fallida invención de la realidad

Carlos Alberto Montaner
Miami
¿Cuál ha sido la única victoria del aparato de propaganda del régimen castrista?




'La niña', de la serie 'Exodus, una página extraviada de la historia', sobre la crisis de los balseros,
 en 1994. (WILLY CASTELLANOS, La Habana, 1994)



Jean-François Revel, el gran pensador francés, solía asegurar que la primera función de los gobiernos totalitarios era ocultar la realidad. Eso es cierto, pero el objetivo quizás es todavía más siniestro y complejo: construir y proyectar una falsa realidad en la que deben creer ciegamente todas las personas sujetas a su autoridad, so pena de recibir severos castigos si muestran alguna duda.
La expresión "aldea Potemkin" recoge una parte de esa prestidigitación política. En la segunda mitad del siglo XVIII, en época de Catalina II de Rusia, le encargaron al mariscal de campo Gregori Potemkin, amante y probablemente consorte de la emperatriz —nunca se ha precisado si hubo o no boda—, que modernizara y adecentara los miserables pueblos del interior del enorme país.
De acuerdo con una leyenda propagada por los alemanes y luego repetida por todo el mundo, el mariscal, que era una especie de Eusebio Leal ruso, como no disponía de muchos recursos, se dedicó a maquillar las aldeas, remozando algunas fachadas, para ocultar la verdadera miseria que aquejaba a los pobladores.
El objetivo era muy sencillo: demostrarle a la emperatriz su capacidad como funcionario competente y probar las bondades del Imperio ruso en su trato benévolo con la población rural de la nación.
La verdad y la realidad no tenían ninguna importancia. Lo fundamental era la percepción. En este caso, la percepción de Catalina la Grande y de los pocos viajeros a los que la arisca corte rusa autorizaba a visitar el hermético país.
En el caso del totalitarismo cubano, ya ni siquiera se trata de construir una aldea modelo para confundir a los nativos (algo imposible después de 53 años de calamidades y desastres, donde Fidel reconoce que el sistema no funciona y Raúl admite que ni siquiera puede aportarle un vaso de leche a los niños mayores de siete años), sino de armar un enorme "Sofisma Potemkin" para defender lo indefendible con palabras y datos arbitrariamente elegidos o adulterados.
De esa indigna tarea se ocupa el Departamento Ideológico del Partido Comunista Cubano, dirigido por un coronel del Ministerio del Interior llamado Rolando Alfonso Borges, con el auxilio del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y el Departamento de Orientación Revolucionaria.
A la construcción del "Sofisma Potemkin" cubano se dedican directamente casi 500 agentes, a los que habría que agregar los millares de colaboradores que trabajan en las estaciones de radio, en los periódicos, en los blogs oficiales y extraoficiales, más numerosos estudiantes de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), verdaderos guerreros de internet consagrados a denigrar a los adversarios y a difundir los mensajes del régimen.
¿Cuántas personas se emplean, pues, en las labores de maquillaje de la dictadura y en disfrazar y apuntalar la dura realidad cubana? Literalmente, son miles. Miles de ciudadanos improductivos, fabricantes de falacias y sofismas, que viven y medran del trabajo de sus compatriotas sin agregar absolutamente nada al bienestar colectivo.
¿Cuáles son las líneas maestras de sus constantes y enormes campañas de información, desinformación y deformación?
Sus mensajes están estructurados en torno a tres simples ejes:
  1. Los enemigos del régimen son siempre unos canallas al servicio de la CIA que juzgan críticamente a la revolución porque les pagan para ello. Son anticubanos porque ellos, los comunistas, son Cuba. A partir de esa premisa, los empleados y colaboradores de los predios del coronel Rolando Alfonso Borges montan sus campañas de demolición de la reputación de sus adversarios.
  2. La sociedad cubana, naturalmente, no es perfecta, pero es mejor que el resto del mundo porque los niños estudian y todos tienen acceso a la salud y a los deportes. Sería una sociedad mucho más próspera en el orden material si los pérfidos yanquis levantaran el criminal bloqueo.
  3. El capitalismo, y especialmente EE UU, ha creado un modelo injusto y egoísta en el que los ricos lo poseen todo mientras los pobres viven en medio de la violencia y la indigencia. Cuba no puede ni debe volver a ese salvaje modo de entender las relaciones entre la sociedad y el Estado.
¿Ha tenido éxito esa pertinaz campaña de propaganda y ataque que ya dura más de medio siglo? No, si se juzga ecuánime y asépticamente, como hace The Anholt-GfK Roper Nation Brand Index, una entidad dedicada a medir la percepción exterior de las naciones con arreglo a seis categorías:
  • Calidad que se le supone a su producción y exportaciones
  • Presumible competencia y eficiencia del Gobierno
  • Aprecio por su cultura y tradiciones
  • Reputación general de las personas (el estereotipo nacional)
  • Interés turístico
  • Hospitalidad con los turistas o con los inmigrantes
De un total de 50 países escrutados en el 2011, por medio de más de 20.000 entrevistas realizadas en 20 naciones desarrolladas y en vías de desarrollo, Cuba ocupa el lugar 44, junto a estados que proyectan imágenes detestables como Nigeria, Irán y Arabia Saudita. En cambio, los diez países mejor apreciados, en ese orden, son diez prósperas naciones capitalistas: EE UU, Alemania, Inglaterra, Francia, Japón, Canadá, Italia, Australia, Suiza y Suecia.
Resultado nada sorprendente si recordamos que el Latinobarómetro, que año tras año escudriña y clasifica las percepciones de los hispanoamericanos, invariablemente coloca a los Castro y a Cuba a la cola de los líderes y naciones más admirados de hemisferio.
Incluso en un país como Venezuela, donde decenas de miles de internacionalistas cubanos alquilan sus servicios, un ochenta por ciento de la población (incluidos numerosos chavistas), una y otra vez asegura que no quiere para los venezolanos un sistema semejante al de Cuba.
¿Por qué ese rechazo generalizado? Para el círculo de poder dentro de Cuba, esa es la consecuencia de la labor desestabilizadora de la CIA o de los enemigos del régimen, pero no es cierto.
En rigor, el principal enemigo del régimen es el propio estilo de Gobierno castrista, con su histeria permanente, sus interminables marchas combatientes, sus carteles heroicos o amenazantes, su perpetua conflictividad contra EE UU, España o cualquier país con el que haya el menor roce.
Fidel Castro, que siempre confundió la política con el barullo y el argumento sereno con el chillido, que nunca logró superar el violento guirigay adolescente de sus años universitarios, cuando protestaba apedreando autobuses, robándose símbolos patrios, como la campana de La Demajagua, o, más grave aún, ejerciendo de matón entre sus condiscípulos, logró comunicarle a su gobierno esa calenturienta temperatura de crisis y sobresalto, generando fuera de la Isla el natural repudio de las personas normales ante cualquier comportamiento escandaloso.
Es realmente asombroso que Fidel, Raúl y el círculo de poder que los rodea nunca se hayan hecho unas preguntas elementales: ¿por qué el Gobierno cubano se comporta de una manera tan excéntrica y crispada? ¿Por qué las naciones exitosas y serias del planeta actúan de una forma distinta, sosegada, sin gritos, sin arrebatos patrioteros, sin desfiles en los que se gritan consignas idiotas? ¿No se dan cuenta (como tampoco lo advierte Hugo Chávez, otro pintoresco personaje) que ese clima de manicomio tropical puede despertar alguna curiosidad antropológica, pero nunca admiración genuina o deseos de emulación?

La percepción interior

¿Ocurre lo mismo dentro de Cuba? Quiero decir, ¿cómo perciben, realmente, los cubanos la situación del país y el estado en el que viven?
El aparato de propaganda castrista les propone algo insólito a sus súbditos: deben juzgar su realidad no por los síntomas objetivos de incomodidad y molestias que padecen u observan, sino por datos tan arbitrariamente seleccionados como el número de nacidos que sobreviven el primer año de vida, o por el hecho dichoso de que ya nadie muere de escorbuto o de poliomielitis en la tierra de José Martí.
Supongamos que eso es verdad, que en el país no hay dengue, y nadie muere por desnutrición, ni siquiera la docena de ancianos que hace un par de años murieron nada menos que de frío en el mayor hospital de dementes de La Habana.
Admitamos que la Isla, en suma, exhibe una población robusta y saludable. ¿Es eso suficiente para juzgar el contorno de una realidad social y política?
¿Cuáles son los elementos que, realmente, determinan el juicio sobre la realidad social y política de cualquier país?
Evidentemente, como en la Pirámide de Abraham Maslow, en la base de las jerarquía de las necesidades humanas, y por ende en sus percepciones más vigorosas, están los cinco elementos fundamentales que le dan sentido y forma a nuestra convivencia:
  • La alimentación y el suministro de agua
  • La vivienda
  • Las comunicaciones
  • El transporte
  • La ropa
Si en Cuba la alimentación y el suministro de agua potable, o cualquier tipo de agua, son una pesadilla; si el propio Gobierno admite que la mitad de las viviendas están en ruinas; si el objetivo de la policía política es escuchar clandestinamente los teléfonos, limitar el acceso a internet y perseguir la tenencia de antenas parabólicas para que no se pueda ver la televisión internacional, porque su propósito es que los cubanos no viajen al extranjero, ni se comuniquen con el exterior, ni sepan lo que sucede en el mundo; si el transporte urbano o interprovincial es una tortura lenta, escasa, cruel, sudorosa y multitudinaria; si las gentes apenas pueden comprar zapatos, camisas o vestidos porque no hay, o porque no disponen de dinero, ¿puede sorprenderse alguien de que los cubanos piensen que el Estado impuesto por el castrismo y el raquítico aparato productivo que ha logrado segregar son una mayúscula calamidad?
Oponerse y criticar ese bodrio no es un acto contrarrevolucionario contra la patria, sino la reacción perfectamente racional y predecible de cualquier ser humano medianamente sensato ante un tipo de Estado minuciosamente torpe y empobrecedor que lo condena a la miseria sin esperanzas de redención.
Pero, en todo caso, esas son carencias materiales ante las cuales el régimen, aún cuando a veces acepta su fracaso, propone una coartada espiritual para descargar responsabilidades: todas esas penurias, dicen sus voceros, son ciertas y en gran medida se deben al imperialismo yanqui, pero los cubanos, al contrario de las demás naciones del Tercer Mundo, especialmente las latinoamericanas, disponen de dignidad y ejercen fieramente su voluntad soberana.
Supuestamente, esas ventajas emocionales compensa los fracasos materiales.
En primer término, es difícil precisar en qué consiste la dignidad de una sociedad sometida a los caprichos de una clase dirigente que le dice lo que tiene que pensar, lo que puede leer, con quién puede reunirse, y si le autoriza o no a viajar al extranjero, como si los adultos cubanos fueran menores de edad, como no se cansa de denunciar Yoani Sánchez.
También es absurdo pensar qué tiene que ver la expresión soberana de todo un pueblo con una sociedad como la cubana, organizada en torno a un partido único sometido a la voluntad de un caudillo todopoderoso.
¿Se puede hablar de "soberanía popular" para describir una dinastía militar de carácter dictatorial controlada por una sola persona?
Pero concedamos, a los efectos del debate, que los cubanos son dignos y soberanos: ¿justifica el disfrute de esas emociones un estado de cosas tan atroz como la realidad material cubana?
Yo creo que no, pero aclaro que hay aspectos espirituales muy importantes para juzgar la calidad de vida de una sociedad, mas no son la supuesta dignidad y soberanía que la dictadura de los Castro le asigna a la realidad cubana, sino tres elementos totalmente ausentes de ese nefasto panorama:
  • Libertad. La libertad para tomar decisiones individuales sin la coacción del Estado, esto es, la libertad de elegir libremente cómo y dónde quiero vivir mi vida.
  • Movilidad social. Es decir, un clima cultural, educativo y económico que permita mejorar la calidad de vida sin necesidad de trepar por la estructura de un partido mediocre y sin ideas o reptar dentro de los límites siniestros del Ministerio del Interior, únicos destinos en los que se encuentra la posibilidad de hallar cierta prosperidad material.
  • Esperanzas. La certeza razonable de que la vida futura puede ser mucho mejor que la vida presente y superar con creces la que tuvieron los padres y abuelos.
Ninguno de esos tres factores intangibles, elementos básicos para formular un juicio benévolo sobre la realidad social y política de cualquier país, milita a favor de la revolución cubana.
En Cuba no hay vestigios de libertad, no hay movilidad social y no hay esperanzas racionales de mejorar la calidad de vida, hágase lo que se haga, como han comprobado tres generaciones sucesivas de cubanos.
En definitiva: si los esenciales cinco factores materiales tangibles de la vida, y los tres intangibles, están totalmente ausentes, por mucha propaganda que el régimen haga jamás logrará convencer a la mayoría de los cubanos de las supuestas bondades de ese cruel disparate.
No obstante, el aparato de propaganda del régimen sí ha logrado anotarse una victoria. Aunque, corazón adentro, no ha sido capaz de persuadir a la sociedad de las virtudes de ese modelo, porque es palmaria e inocultablemente desastroso, ha conseguido, sin embargo, convencer a los cubanos, especialmente a los jóvenes, de que no hay más solución que emigrar, aunque sea a tierras injustas y violentas, como las capitalistas, porque en ellas es posible vivir de mejor manera que en Cuba.
En definitiva, no hay más victoria que ese miserable logro: han construido una sociedad de personas desilusionadas y cínicas que ya no creen en Cuba, en nada, ni en nadie. Ese es el triste legado de los Castro y de las huestes propagandísticas del coronel Rolando Alfonso Borges. Deberían vivir abochornados del inmenso daño que les han hecho a los cubanos.

Publicado por Diario de Cuba

sábado, 8 de septiembre de 2012

Carlos Alberto Montaner: Diez razones para votar contra Chávez



por Carlos Alberto Montaner
Chavez



















FIRMASPRESS Henrique Capriles ganó el amplio simulacro electoral del 2 de septiembre pasado. No es una encuesta precisa, pero sí una buena indicación de la tendencia. El próximo 7 de octubre debe derrotar a Hugo Chávez debido a las siguientes diez razones.
1 La inseguridad y la violencia. Para la mitad de los venezolanos éste es el principal problema del país. Según el Observatorio venezolano de violencia, en el 2011 los delincuentes mataron a 19,336 personas. Durante los 14 años de chavismo, 150,000 personas han sido asesinadas. Caracas, más que una ciudad, es un matadero. El más sangriento de Sudamérica.
2 El empobrecimiento progresivo. Según cifras oficiales recogidas en El Nacional, en los últimos 11 años el poder adquisitivo de los venezolanos cayó un 162%. El país padece la mayor inflación de América Latina. Los salarios aumentaron un 571%, pero los precios subieron un 733. (Sólo en Caracas, de acuerdo con la medición del economista José Tomás Esteves, los precios se multiplicaron por 13.56 desde la llegada de Chávez). Objetivamente, los venezolanos, cada año que pasa, son un 15% más pobres, aun cuando la nación, debido al precio del petróleo, ha ingresado más dinero que todos los gobiernos anteriores combinados desde que se independizó en 1823. Cuando Chávez llegó al poder, la economía venezolana era un tercio mayor que la colombiana. Ahora es un 21% más pequeña. (PIB de Colombia en PPP, 478 mil millones anuales. Venezuela, 378 mil millones). Es la ruina.

3 Destrucción de las fuentes de trabajo. De acuerdo con Conindustria, en la última década ha cerrado el 40% de las empresas industriales del país. Cientos de miles de trabajadores han perdido sus puestos de trabajo. Prácticamente, un millón de venezolanos, la mayor parte urbanos y bien educados, han emigrado. Esa pérdida de capital humano era desconocida en Venezuela hasta la llegada del chavismo. Esa es una herida irrestañable.
4 El despilfarro de los recursos nacionales. Mientras un porcentaje notable de los venezolanos son pobres, Chávez regala en el extranjero miles de millones de petrodólares. Desde diciembre de 1999 a julio de 2012, Venezuela exportó petróleo F.O.B. por valor de $US 652,560 millones, pero en ese mismo periodo regaló o cedió recursos a sus aliados o subordinados políticos por valor de $US 170,000 millones: ¡más de un 25% de los ingresos petroleros nacionales! Sólo el subsidio venezolano al manicomio de los Castro asciende a más de seis mil millones de dólares anuales. Esto indigna a los venezolanos.
5 La inmensa corrupción. Según Transparencia Internacional,Venezuela es el país más corrupto de América Latina y uno de los más podridos del mundo. En una lista de 182 países, Venezuela está al final, en el 172, junto a las peores satrapías africanas y asiáticas. Agréguesele a ello el feo asunto de los generales acusados por Estados Unidos de colaborar con los narcotraficantes nacionales e internacionales. Eso parece la cueva de Ali Babá.
6 La incompetencia. El chavismo no sabe gobernar. Los puentes se caen. Las cárceles son campos de batallas mortales. Abundan los apagones de electricidad. El correo no funciona. La mayor refinería arde por negligencias. Decae la producción de petróleo. Los hospitales están desabastecidos. Los alimentos se pudren en los almacenes. Los barcos no logran descargar sus mercancías. Las ciudades se calcutizan. Caracas se ha vuelto un basurero. Es el horror.
7 La falta de seriedad y la pérdida de respeto. El presidente Chávez no es un gobernante serio. Alguien que acusa al Pentágono de haber destruido a Haití con un arma secreta que provoca terremotos no está en sus cabales o es un payaso.
8 El aventurerismo temerario.Chávez ha arrastrado a su país a un innecesario conflicto internacional, aliándolo con Irán. Su gobierno es antiamericano, antiisraelí, antisemita, antiespañol, antimercado, antidemocracia. Simultáneamente, es pro FARC, pro Gadafi, pro Assad, pro dictaduras. Si algún día Chávez escribe un libro, será Cómo ganar enemigos inútilmente.
9 La fatiga. Después de 14 años, los venezolanos están cansados de un presidente mentalmente inestable que no cesa de hablar para ocultar su pésima gestión de gobierno. Con él, sencillamente, no hay futuro.
10 La probable muerte. Chávez tiene un cáncer muy grave, con metástasis, y el pronóstico es sombrío. Si muere en su casa, como un ciudadano más, lo entierran con todos los honores y no tendrá consecuencias para el país. Si muere en la casa de gobierno, dejará en herencia un caos monumental que puede culminar en un baño de sangre. Es una irresponsabilidad aspirar a la presidencia en esas condiciones físicas, pero más irresponsable aún sería elegirlo. Eso lo saben los venezolanos.


Publicado por El blog de Montaner 

sábado, 25 de agosto de 2012

Carlos A. Montaner: Chávez y la trampa que se avecina

por Carlos Alberto Montaner



Capriles
(FIRMASPRESS) Parece inevitable que Henrique Capriles sacará muchos más votos que Hugo Chávez en las elecciones del 7 de octubre próximo en Venezuela. La última encuesta de Consultores 21, una empresa extremadamente fiable, arroja un empate real entre ambos candidatos. Chávez aparece con 45.9 por ciento de los votos y Capriles con 45.8. La tendencia de Chávez es a declinar. La de Capriles es ascendente. Pero hay otro dato clave medido por Alfredo Keller, un prestigioso escudriñador de la opinión pública: entre un 16 y un 20 por ciento de los encuestados tienen miedo y ocultan o tergiversan sus verdaderas intenciones de voto. Le temen, naturalmente, al gobierno, no a la oposición.
Como me dijo Eric Ekvall, un notable asesor político que hace años llegó a Venezuela en el equipo de Joe Napolitano, el mejor estratega de campañas que se recuerda (el de John F. Kennedy) y allí se quedó: “el Flaco Capriles se ha convertido en un candidato extraordinario. Donde llega, arrasa. Tiene el impacto emocional de un rock star. Transmite una imbatible imagen de juventud, seguridad y decencia. Chávez, en cambio, está física y políticamente agotado. Después de 14 años de mentiras ya no le creen nada. El incidente de la hidroeléctrica en el que los obreros lo callaron con sus gritos ante las cámaras de la televisión es todo un ejemplo de la verdadera percepción popular”.

Tiene sentido. Los venezolanos poseen razones para sentirse profundamente insatisfechos con la minuciosa incapacidad de Hugo Chávez. Cuando se les pregunta cuál es el principal problema del país, de forma casi unánime responden que es “la inseguridad”. Durante la presidencia de Chávez han muerto violentamente muchos más venezolanos (150 000) que soldados norteamericanos en las guerras (sumadas) de Corea, Vietnam e Irak.
Los asesinatos, secuestros express y extorsiones forman parte de la aterrorizada vida cotidiana de los venezolanos. ¿Cómo la sociedad puede sentirse protegida si en las cárceles, un universo cerrado y supuestamente controlado por el gobierno, las bandas de matones, sin duda asociadas a la policía, se enfrentan con armas largas y dejan 26 muertos en sólo una batalla? Eso no es un país, sino un matadero.
“El problema –me sigue diciendo Eric Ekvall— es que el gobierno de Chávez no va a reconocer la victoria de Capriles. Prepara un fraude monumental basado en la manipulación de las computadoras. Hay dos millones de votantes virtuales, realmente inexistentes, que pueden distribuir a su antojo la noche de las elecciones, como ya hicieron en el referéndum revocatorio del 2004. Esa consulta la perdió Chávez 59 a 41, pero sus técnicos invirtieron los resultados. Las elecciones por computadoras son el medio ideal para cometer fraude”.
Inmediatamente, me entrega un ejemplar del número de noviembre de 2011 de la prestigiosa revista académica norteamericana Statistical Science. Trae seis impecables y convincentes estudios de matemáticos y físicos de primer rango universitario que demuestran por qué y cómo, realmente, Chávez perdió esa consulta (que le costaba el poder), pero alteró los resultados para continuar mandando contra la voluntad democrática de sus compatriotas. El fraude se comete en el Registro Electoral. Mientras en la última década la población ha crecido un 14 por ciento, el Registro Electoral lo ha hecho un 58. Ahí se cocina la trampa.
La manera política de “vender” el fraude, de acuerdo con la opinión de este experto en procesos electorales, la inventó el PRI mexicano hace muchos años. Primero, unos encuestadores contratados para esos fines innobles presentan ciertos resultados falsos que “demuestran” la abrumadora preferencia de los votantes por Chávez. Segundo,  el aparato de propaganda del gobierno machaca a la opinión pública con esa información, mientras una serie de mensajeros de alto rango salen a comunicar los resultados previstos a todos los centros de poder internacionales. Tercero, los resultados de los comicios se ajustan a las previsiones. Ya no hay shock cognitivo que despierte sospechas. Ocurrió lo que, supuestamente, afirmaban las encuestas.
“¿Hay manera de evitar esa estafa monumental –pregunto?”. Ekvall me responde tajantemente: “sólo si Capriles logra reclutar 200 000 activistas dispuestos a custodiar permanentemente los resultados de las 150 000 máquinas de votar, y si él, sus partidarios y las instituciones que lo apoyan, están dispuestos a no dejarse robar las elecciones a ningún precio, cualquiera que sea el sacrificio que haya que realizar. No estoy seguro de que logre reclutar esa masa de activistas. Capriles tiene votantes y simpatizantes, no militantes duros y decididos”.
Ése es el panorama. Dios coja confesados a los venezolanos.

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viernes, 3 de agosto de 2012

C.A.Montaner: Cuba usará el «caso Carromero» para cortar la ayuda a la oposición democrática

Carro donde iba Oswaldo Payá


por Carlos Alberto Montaner

(ABC) Es el mundo al revés. Si Ángel Carromero, sobrio y sereno, como estaba, hubiera sufrido en España o en Estados Unidos un accidente semejante al que tuvo en Cuba, en lugar de ser acusado de homicidio culposo, él y los familiares de Oswaldo Payá y de Harold Cepero, los dos demócratas cubanos fallecidos, estarían demandando al gobierno por la pésima señalización de las carreteras, y a la agencia estatal que les alquiló un coche en el que, presumiblemente, o no había o no funcionaron adecuadamente los air bags.
La familia de Cepero, además, le exigiría una compensación extra al sistema sanitario, porque su muerte pudo haberse evitado si los servicios médicos hubieran actuado con rapidez y capacidad profesional. Cepero no murió instantáneamente, como Payá, por un fuerte golpe, sino por un coágulo en una pierna que no le detectaron a tiempo, algo que puede ser calificado como negligencia médica.

La razón directa que provocó el siniestro fue la falta de pavimentación, la presencia de una gravilla resbalosa, y la ausencia de letreros que advirtieran claramente esta circunstancia.
En las carreteras cubanas, pésimamente mantenidas, hay un déficit crónico de señalizaciones (exceptuadas las vallas propagandísticas que exaltan las maravillas de la revolución), y, según Oscar Suárez, exreportero de la televisión cubana, que conoce bien la región del accidente, Ángel Carromero asegura que no vio letrero alguno, porque, sencillamente, no existía.

Sentido común

Esa señal que escuetamente ponía la palabra “Bache”, que nada claro previene, fue colocada con posterioridad para armar un escenario con el cual condenarlo y exculpar a las autoridades cubanas. El signo universal de tráfico que advierte sobre la posibilidad de resbalar son dos líneas onduladas paralelas. No hay el menor rastro de esos letreros en el camino.
Lo que quieren que creamos del accidente de Carromero es que iba con exceso de velocidad y por ello, y por frenar, su coche derrapó e impactó a un árbol lateralmente. Eso fue lo que públicamente se vio obligado a declarar el joven líder español. Pero es muy difícil correr a gran velocidad por esos endiablados caminos, marchaban en un pequeño Accent de una mínima cilindrada, y no hay nada raro en aplicar los frenos cuando súbitamente cambia la superficie sobre la que transitamos, a no ser que previamente estemos advertidos por las señales de tránsito.
Lo que sabemos, con toda certeza, es que la mayor parte de las personas, sometidas a la presión de la policía política cubana -recuérdese “el caso Padilla”-, declara cualquier cosa. El ex coronel Álvaro Prendes, héroe de la revolución que acabó en una cárcel castrista y luego murió en el exilio, solía explicarlo con una frase melancólica: “Superman, a la semana de estar en manos de la Seguridad del Estado cubano, se echa a llorar y se limpia los mocos con la capa”.
El accidente le viene como anillo al dedo a la dictadura para tratar de poner fin a la solidaridad internacional con los demócratas cubanos. Ya Carromero y Jens Aron Modig, el líder juvenil democristiano sueco que viajaba con él, se han excusado por prestarle ayuda a la oposición pacífica de la isla.
Ése es el propósito del régimen de Raúl Castro: invocar la supuesta soberanía cubana vulnerada por unos extranjeros que les llevaban a los disidentes algo de dinero, memorias flash, información y, sobre todo, respaldo político. Más o menos lo que los demócratas de Europa les llevaban a sus correligionarios españoles durante la dictadura de Franco.

Doble estándar

Algo no muy distinto, por cierto, pero mucho más honorable, limitado y ajustado a las normas internacionales, que lo que hacen los comunistas de diversas partes del mundo cuando acarrean recursos en sus países para sostener a la dictadura de partido único de Raúl Castro, ofrecen constantemente su solidaridad, y hasta llevan a La Habana el producto de sus fechorías, como los 60 millones de dólares que le aportaron a Fidel los montoneros argentinos tras el secuestro de los acaudalados hermanos Born, y transfirieron el rescate a la Isla.
El gobierno cubano, en suma, proclama y ejerce su derecho a ejercer el “internacionalismo revolucionario”, que le costó la vida al Che Guevara, pero no reconoce el derecho al “internacionalismo democrático” que deben practicar quienes creen que la libertad es un don universal.
Mientras Cuba se queja de la intervención de los populares españoles y los democristianos suecos en la política cubana, sus agentes y simpatizantes intentan influir en la política norteamericana. Se ha sabido que algunos de los organizadores de vuelos charter USA-Cuba han donado hasta 250.000 dólares a la campaña de Obama a la espera de que ese dinero se transforme en un cambio de política hacia Cuba en su segundo periodo. Eso se llama hipocresía. 

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sábado, 28 de julio de 2012

C.A.Montaner: no me cabe duda de que Payá está más vivo que nunca. Crece bajo la hierba.


Osvaldo Payá

por Carlos Alberto Montaner

(FIRMASPRESS) José Martí advertía que hay hombres que “crecen bajo la yerba”.Tras la partida definitiva, se multiplica su influencia. Le sucedió al propio Martí. En 1895, cuando lo matan en combate, era prácticamente desconocido por los cubanos dentro de la Isla. Casi toda su vida adulta había transcurrido en el exilio. Tras su muerte, se convirtió en un gigante.
Parece que ése será el caso del líder democristiano Oswaldo Payá. Su figura y su mensaje se intensifican cada día que pasa. Al menos, es lo que se deduce de lo que está ocurriendo en torno a su muerte violenta, acaecida en un oscuro accidente de tránsito sucedido a 800 kilómetros de La Habana en el que también perdió la vida Harold Cepero, un miembro importante del Movimiento Cristiano de Liberación que fundara Payá. Junto a ellos, en el mismo auto, viajaban dos dirigentes juveniles europeos de la misma familia ideológica, Ángel Carromero, español, y Jeans Aron Modig, sueco. Afortunadamente, sólo sufrieron heridas leves.

El papa le envió a la familia de Payá un sentido telegrama de pésame. También lo hicieron otros gobernantes latinoamericanos. El presidente Obama, además de ofrecer condolencias, se comprometió a continuar presionando a la dictadura cubana en defensa de los Derechos Humanos. El ex embajador norteamericano Hans Hertel, muy conmovido, reunió a sus amigos para explicar quién era Oswaldo Payá, cómo lo había conocido y por qué, deslumbrado por su decencia y honorabilidad, había congregado en su embajada en Santo Domingo a medio gobierno y al cuerpo diplomático para que escucharan a aquel cubano excepcional.
El candidato Mitt Romney y el senador Marco Rubio pidieron una investigación transparente. ¿Por qué la dictadura no permite que los supervivientes se reúnan a solas con Ofelia Acevedo, la viuda de Payá, para que le cuenten exactamente lo ocurrido? ¿Era cierto que los seguía y acosaba un vehículo de la Seguridad del Estado semejante al que en junio pasado había provocado que se volcara la camioneta en la que viajaban Payá y su esposa? Hay múltiples razones para sospechar de un Estado que oculta sus crímenes, como sucedió con el hundimiento ex profeso del remolcador “13 de marzo”, donde murieron decenas de exiliados, y entre ellos numerosos niños.
Es posible que los Castro, corazón adentro, celebren la muerte de Payá, el demócrata de más peso, originalidad y tesón de la oposición cubana, pero se equivocan. Al margen de la lluvia de condenas que ha caído sobre el régimen, ya se ha producido un primer fenómeno muy importante: como explicó un notable líder laico, Dagoberto Valdés, la Iglesia Católica ha cerrado filas en torno a la figura de Payá, cristiano fervoroso, y hasta el cardenal Jaime Ortega, conocido por su frigidez política, y empeñado en mantener a la Iglesia al margen de la lucha por la libertad –tarea en la que no coincide con otros obispos, sacerdotes y numerosos laicos–, basándosedo en unas palabras de Benedicto XVI le ha pedido a la sociedad civil que salga a defender los ideales democráticos.
Pero hay otra zona de la sociedad cubana donde el mensaje de Payá y lo que fue el leitmotiv de su vida –buscar pacíficamente el fin de la dictadura mediante consultas electorales– calarán más hondo todavía: entre los “revolucionarios” inconformes y desengañados con las falsas reformas de Raúl Castro y el curso de los acontecimientos en la Isla.
Muchos de esos ex simpatizantes del castrismo, todavía formalmente adscritos al ámbito gubernamental, hoy admiten que fue un error no haber aceptado en 1998 el novedoso planteamiento del “Proyecto Varela”, cuando Payá, el escritor Regis Iglesia y otros de los dirigentes del Movimiento Cristiano de Liberación, presentaron ante el parlamento cubano once mil firmas para convocar a un referéndum en el que la sociedad, libremente, decidiera si quería seguir por la senda del colectivismo y la tiranía del partido único o si preferían otra forma más razonable de gobierno.
Fidel, que es un estalinista incorregible, reaccionó modificando y colocándole “candados” a la Constitución para que jamás nadie pudiera corregir pacíficamente el rumbo equivocado que él y un puñado de los suyos había elegido para los cubanos.
Hace pocas horas se lo dijo uno de estos criptorreformistas a un abogado extranjero entonces de visita en La Habana (y hoy en Madrid): “si le hubiéramos hecho caso a Payá, en lugar de perseguirlo y encarcelar a sus partidarios, habríamos liquidado este disparate sin violencia, los cubanos se hubiesen reconciliado, tendríamos buenas relaciones con Estados Unidos y con el mundo entero, el país trabajaría ilusionado por un futuro distinto y habría cesado el éxodo. Incluso, tal vez hoy Eusebio Leal sería presidente”.
Esto último no lo sé, pero no me cabe duda de que Payá está más vivo que nunca. Crece bajo la hierba. 

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sábado, 21 de julio de 2012

Los tres misterios de Hugo Chávez

 Chavez


Por Carlos Alberto Montaner
 
(FIRMASPRESS) Cuando le preguntaron a Churchill sobre cierto aspecto de la política exterior de la URSS dijo, en clave de humor, una frase memorable: “Se trata de una incógnita envuelta en un misterio rodeado de un enigma"

Algo de esto sucede con el venezolano Hugo Chávez. Y la primera de las perplejidades tiene que ver con el cáncer que padece. ¿Se muere o no se muere? Según los síntomas corporales aparentes, no hay duda de que ha mejorado. Se le redujo la impresionante gorguera de grasa y cortisona que le nimbaba el rostro. Ha vuelto a hablar incansablemente y canta, salta e insulta. Lo de siempre: delira, luego existe.

Pero hay otros síntomas más sutiles. Raúl Castro, que conoce las tripas de Hugo Chávez como la palma de su mano derecha, salió a buscar plata y anudar alianzas con China, Rusia, Vietnam, y con cualquier país capaz de aliviar la crisis que supondría para la Isla el súbito fin del subsidio venezolano ante una eventual desaparición del pintoresco personaje.
Raúl es precavido. Su hermano previó el descalabro del comunismo soviético unos meses antes de que ocurriera, pero no hizo nada por paliar las consecuencias que eso tendría para Cuba. Entonces sobrevino la debacle. Raúl no quiere que el fin de Chávez lo sorprenda con los pantalones en los tobillos.
Pero hay más. La prensa cubana, al menos hasta ahora, no se ha atrevido a afirmar que Chávez está curado. Granma está calladito. El periódico oficial del gobierno de los Castro no quiere repetir el ridículo que hizo hace unos años cuando anunció la recuperación de Fidel y su inminente regreso al poder. Los periodistas y comisarios que lo perpetran saben que ninguna persona seria habla de la curación de un cáncer hasta cinco años después de terminados los tratamientos.
El segundo misterio es tanto de Chávez como de sus adeptos. Parece que sube en las encuestas. El país hace 14 años que está dividido a la mitad entre los que lo adversan y los que lo aman, separados por una rara franja de venezolanos políticamente frígidos, los ni-ni (ni una cosa ni la otra), congelados en un inocente gesto dubitativo.
No obstante, últimamente la aceptación de Chávez ha aumentado, pese a los graves problemas de inseguridad (19 000 asesinatos en un año), la inflación (la más alta de América Latina) y el desabastecimiento esporádico de bienes básicos de consumo masivo. Cómo y por qué se puede gobernar tan rematadamente mal y no pagar por ello un precio en las urnas es, realmente, un desafío al sentido común.
Pero tampoco es un fenómeno inédito. Perón nunca bajó del 70% de popularidad aunque hundió a la Argentina en la miseria. Como sucedió en la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini, los pueblos pueden conectar emocionalmente con un líder torpe y temerario que los lleva al desastre. Es una de las mil variantes del “Síndrome de Estocolmo” o el de la “Mujer maltratada”.
Acaso el tercer misterio, relacionado con el anterior, es el más extraño de todos: ¿por qué Hugo Chávez se mantiene fiel a una alianza absurda con Irán, Siria, Bielorrusia, Corea del Norte y otros estados de la misma familia universalmente repudiada? ¿Por qué apoyó al dictador Gadafi hasta el ultimo día de su tiranía?
Según denuncian los israelíes, Venezuela ayuda a Irán en su proyecto de construir armas nucleares. ¿Qué sentido tiene introducir a Venezuela en el peligroso avispero del Medio Oriente? ¿Por qué les inflige ese daño a sus compatriotas?
Es posible que Fidel Castro, padre y maestro mágico de Hugo Chávez, le haya comunicado su pasión por las aventuras internacionalistas y sus sueños por construir una alianza capaz de enterrar a Occidente. Pero si Chávez puede observar serenamente –algo así como pedirle peras al olmo–, descubrirá que lo único que su mentor caribeño consiguió, realmente, en más de medio siglo de delirios y batallas, fue enterrar a miles de cubanos en cementerios africanos y en cuanto paraje agreste le resultó propicio para sus locas fantasías de guerrillero planetario.
Así son los misterios. Pura irracionalidad.

Publicado por El blog de Montaner