El hombre que buscan los chilenos estaría en Nuevo Vedado
Se rumora, con vestigios de certeza, que los culpables del atentado al abogado y senador chileno, Dr. Jaime Guzmán viven “escondidos” en Cuba.
Juan Juan Almeida
febrero 04, 2013
Aprovechando la llegada a Chile del General Raúl Castro, donde viajó para participar en la recién concluida cumbre del CELAC, integrantes del partido chileno Unión Demócrata Independiente (UDI) protestaron frente la embajada de Cuba en Santiago e intentaron entregar una carta en dicha sede. Por supuesto, fueron recibidos por el irrespetuoso desplante que ya se va haciendo costumbre por parte de las autoridades diplomáticas cubanas.
Se trata de una misiva donde se le solicita al señor presidente de la república de Cuba, el parabién de colaborar con los tribunales chilenos en la captura y extradición de los ejecutores de un crimen perpetrado en abril del 91, en las afueras del Campus Oriente de la Universidad Católica de Chile. El atentado al abogado y senador chileno, Dr. Jaime Guzmán. Se rumora, con vestigios de certeza, que los culpables viven “escondidos” en Cuba.
Desde entonces, nombres como Ricardo Palma Salamanca, Raúl Escobar Poblete y Mauricio Hernández Norambuena se nos han convertido en noticia; pero uno en particular excita como ningún otro la imaginación popular. Se trata de Juan Gutiérrez Fischmann (Maco, para sus amigos), ex conyugue de Mariela Castro, con quien comparte - entre otras muchas cosas- una inteligente hija de nombre Gabriela, conocido pseudónimo de una poetisa chilena premio Nobel de Literatura.
Lo conocí en Varadero, corrían los años 80, en una presuntuosa mansión a orillas del mar que le prestaba Raúl para romancear con Mariela; rectifico, se la prestaba a Mariela. En aquel paradisiaco lugar, que invita al pecado, estaba Juan. Entonces me pareció tímido, con sonrisa impostada, y actitud sigilosa. Para mí, el tipo era tan anacrónico como un pingüino en una orgía de avestruces.
Lo obvio, el chileno se acostumbró, no es difícil resistirse a la erótica del poder y a su constante seducción. A Gutiérrez le gustó la espada, entró al ruedo, y pretendió convertirse en leyenda. Estuvo un tiempo como profesor o asesor, no recuerdo bien, de una cátedra militar, de nivel superior en la escuela Interarmas General Antonio Maceo.
Con el tiempo fue cambiando sus rígidos zapatos negros, por otros de color más ligero y algo más flexibles. La risa dibujo su hermético rostro. De la noche a la mañana, al tocayo lo transformaron en empresario con autonomía, una figura clave, paralela al MINCEX, con el poder de adjudicar contratos a empresas canadienses dentro del nada despreciable ramo de las energías alternativas y renovables.
Quizás, por inversión, operatividad, porque le gustan los extremos del continente americano o por preparar una huida, hace tan solo unos años compró una propiedad en Edmonton, provincia de Alberta, en Canadá, allí su hija Gabriela lo visita, hace intensivos de inglés en verano y vacaciona.
El gobierno cubano asegura no saber su paradero; pero claro, decir que se esconde en La Habana creo que es decir demasiado o desvariar en el concepto. Porque hasta que salí de Cuba, Juan Lisímaco Gutiérrez Fischmann residía en el Nuevo Vedado, en la calle 37 ente calle 28 y avenida 26, en la casa que perteneció a la familia del médico y comandante Manuel (Piti) Fajardo, a un costado de la escuela Hubert de Blanck. Ah, y como símbolo de poder conduce un Audi A 4 negro con chapa particular. Si aún así no lo encuentran, es porque no lo han buscado.
Juan Juan Almeida
juanjal@yahoo.com
Licenciado en Ciencias Penales. Analista, escritor. Fue premiado en un concurso de cuentos cortos en Argentina. En el año 2009 publica “Memorias de un guerrillero desconocido cubano”, novela testimonio donde satiriza la decadencia de la élite del poder en Cuba.
Publicado por Martí Noticias
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lunes, 4 de febrero de 2013
martes, 11 de septiembre de 2012
Entregan hoy Premios ASOPAZCO a Sara Marta Fonseca y Zoé Valdés
La Asociación por la Paz Continental (ASOPAZCO) entrega hoy en Madrid el Premio Asopazco 2011 a las cubanas Sara Marta Fonseca y Zoé Valdés.
La entrega de la distinción que se realiza en el Hotel Velázquez a las 7.30 pm, hora de Madrid, no contará con la presencia de Sara Marta Fonseca.
En su lugar estará hoy el español Antonio Ballesteros que fue designado por Sara Marta para que recoja la distinción. Consultado por martinoticias.com el activista dijo que es un gran honor para él representarla.
La activista de derechos humanos y Dama de Blanco Sara Marta Fonseca, residente en La Habana, señaló que se siente muy emocionada y destacó que el premio lo dedica a todos los cubanos que luchan por los derechos humanos dentro y fuera de Cuba.
“Hoy he recibido muchos mensajes de los hermanos en todo el país felicitándome y yo les he respondido que ese premio es tan mío como de ellos, porque una persona sola no puede lograr nada” apuntó la activista desde La Habana.
Sara Marta destacó que le hubiera gustado estar presente junto a la cubana radicada en Francia Zoé Valdés a quien “a quien admiro y respeto muchísimo”, dijo.
La Asociación por la Paz Continental (ASOPAZCO) que estimula a las personas que defienden las sociedades de hombres libres y presta ayuda a grupos disidentes comprometidos con la libertad y los Derechos Humanos ha entregado este galardón desde hace 20 años y su primer acreedor fue el activista ruso Sergey Kovaliov.
Hasta la fecha también lo han recibido, el preso político fallecido Mario Chanes de Armas, Oscar Elías Biscet, Reyna Luisa Tamayo Danger, entre otros.
http://www.martinoticias.com/content/premio-asopazco/14554.html
Autorretrato de una jinetera* (prostituta)
Es el primer día de Mayra en la calle. Toda la familia está en casa. Alegres por su regreso.
El ambiente es muy diferente al que ella dejó antes de ir a prisión. Ya sus padres no se
inmutan cuando su hijo, de 11 años, intenta hacerlos reír con cuentos burlándose del comandante.
Su madre, de espaldas, ríe el chiste del niño. Mayra está asombrada.Antes, sus padres vigilaban constantemente su vocabulario. Bajo ningún concepto, a ella le permitían hablar mal del
comandante ni de la revoluciòn Molestos, le explicaban por qué debía estar eternamente agradecida: "Gracias a la revolución, tienes casa, estudias, no tienes que pagar cuando te enfermas”.
Sentada en el patio, respirando aire fresco, cierra los ojos y regresa nuevamente a su celda, ventanas tapiadas, aire húmedo y un fuerte olor a orine y excremento. Parpadea. Siente alivio. Sí, las cosas han cambiado en su hogar. Sus padres ahora se quejan, de “lo mala que está la cosa”. Uno a uno, cuentan los ‘chavitos’ (centavos) en pesos convertibles, para ver si les alcanza para comprar un litro de aceite.
Mami ya cumplió 65 años. Está más gorda, desborda la silla que tiene frente a la máquina de coser. Se dedica a remendar y zurcir ropas para el vecindario. Papi está huesudo y con diez centímetros menos que hace cinco años. Le faltan dos días para cumplir los 70. Retirado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, tiene una ‘chequera’ (jubilación) de 320 pesos (unos 13 dólares). Además, trabaja como sereno en una empresa cercana a su domicilio. Limpia patios y hace más dinero extra.
A Mayra le cuesta imaginar que una vez fueron a la Plaza, a gritar y apoyar eufóricos a la revolución de Fidel Castro. Soñaban entonces con un paraíso donde no existirían las desigualdades sociales, ni la explotación del hombre por el hombre. Creían en la Constitución, y la obligaron a aprenderse de memoria el pensamiento de José Martí mencionado en el Preámbulo: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.
Ahora recibe remesas de Miami, ‘el nido de los gusanos’. ¡Qué gracioso! Cuando entré en prisión, era el presidente del CDR, hace unos días renunció. Le llegó una carta de invitación, para visitar a su familia ‘en las entrañas del monstruo’. La vida gira y gira y Mayra se pregunta qué hubiese sido de ella si no se hubiese metido a jinetera. Tal vez fuese una borracha de cantina. De todas formas, aprendió que no importa el camino que tomes, si vas en busca de sueños poco probables. “Yo sólo quería huir de toda esta mierda. Por eso entiendo a mis padres, su silencio, su tristeza”.
Después de tantos sacrificios, zafra de diez millones, trabajos voluntarios, guardias obreras, actos, reuniones, marchas combatientes, consignas e informes sobre la vida de otros, para ellos no ha sido fácil reconocer que los cubanos están peor que en 1959, cuando se inició todo. Es duro aceptar que después de 53 años de ‘socialismo’, la promesa de que tendríamos un país perfecto haya sido una mentira.
El ambiente es muy diferente al que ella dejó antes de ir a prisión. Ya sus padres no se
inmutan cuando su hijo, de 11 años, intenta hacerlos reír con cuentos burlándose del comandante.
Su madre, de espaldas, ríe el chiste del niño. Mayra está asombrada.Antes, sus padres vigilaban constantemente su vocabulario. Bajo ningún concepto, a ella le permitían hablar mal del
comandante ni de la revoluciòn Molestos, le explicaban por qué debía estar eternamente agradecida: "Gracias a la revolución, tienes casa, estudias, no tienes que pagar cuando te enfermas”.
Sentada en el patio, respirando aire fresco, cierra los ojos y regresa nuevamente a su celda, ventanas tapiadas, aire húmedo y un fuerte olor a orine y excremento. Parpadea. Siente alivio. Sí, las cosas han cambiado en su hogar. Sus padres ahora se quejan, de “lo mala que está la cosa”. Uno a uno, cuentan los ‘chavitos’ (centavos) en pesos convertibles, para ver si les alcanza para comprar un litro de aceite.
Mami ya cumplió 65 años. Está más gorda, desborda la silla que tiene frente a la máquina de coser. Se dedica a remendar y zurcir ropas para el vecindario. Papi está huesudo y con diez centímetros menos que hace cinco años. Le faltan dos días para cumplir los 70. Retirado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, tiene una ‘chequera’ (jubilación) de 320 pesos (unos 13 dólares). Además, trabaja como sereno en una empresa cercana a su domicilio. Limpia patios y hace más dinero extra.
A Mayra le cuesta imaginar que una vez fueron a la Plaza, a gritar y apoyar eufóricos a la revolución de Fidel Castro. Soñaban entonces con un paraíso donde no existirían las desigualdades sociales, ni la explotación del hombre por el hombre. Creían en la Constitución, y la obligaron a aprenderse de memoria el pensamiento de José Martí mencionado en el Preámbulo: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.
Ahora recibe remesas de Miami, ‘el nido de los gusanos’. ¡Qué gracioso! Cuando entré en prisión, era el presidente del CDR, hace unos días renunció. Le llegó una carta de invitación, para visitar a su familia ‘en las entrañas del monstruo’. La vida gira y gira y Mayra se pregunta qué hubiese sido de ella si no se hubiese metido a jinetera. Tal vez fuese una borracha de cantina. De todas formas, aprendió que no importa el camino que tomes, si vas en busca de sueños poco probables. “Yo sólo quería huir de toda esta mierda. Por eso entiendo a mis padres, su silencio, su tristeza”.
Después de tantos sacrificios, zafra de diez millones, trabajos voluntarios, guardias obreras, actos, reuniones, marchas combatientes, consignas e informes sobre la vida de otros, para ellos no ha sido fácil reconocer que los cubanos están peor que en 1959, cuando se inició todo. Es duro aceptar que después de 53 años de ‘socialismo’, la promesa de que tendríamos un país perfecto haya sido una mentira.
Todavía en el patio, Mayra cierra los ojos. Su cabellera baila con el viento. Pasa suavemente su mano por el sol que tiene tatuado en el cuello. Suspira, mira a su alrededor. Con un pañuelo seca sus lágrimas. Se levanta y regresa al interior de la casa. Es la anfitriona, tiene que estar con los suyos el primer día de su libertad.
*Relato inédito de Iván García y Laritza Diversent, basado en un caso real.
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