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domingo, 10 de marzo de 2013

Merecida respuesta a las escritoras de la UNEAC

Ángel Santiesteban: juicio después del juicio


Ángel Santiesteban. (CORREODIPLOMATICO.COM)

La cuestión es castigarlo por las sospechas despertadas por su sentencia, desbaratarlo para que no alcance a ser bandera del enemigo. 




Hace dos días, en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y con la intención de denunciar la violencia machista, ocho escritoras hacen un llamamiento público a propósito del caso del escritor Ángel Santiesteban, acusado de violencia de género, condenado a cinco años de prisión y recién encarcelado.

Se solidarizan con la exesposa del escritor, ya que han circulado notas de apoyo a Santiesteban que rebajan los hechos a simples riñas domésticas y le achacan a ella invenciones o demencia.
Esas notas ponen en entredicho un procedimiento judicial que las firmantes del llamamiento defienden en toda su pureza: el acusado fue juzgado por lo ocurrido entre él y su exesposa, sin intromisión de matiz político alguno.
Ellas, sin embargo, equivocan la fecha de despegue de la campaña que hacen. Habilitan una dirección electrónica, reclaman adhesiones al llamamiento, y no es el Día Internacional de la Mujer lo que en verdad celebran, sino, en todo caso, el Día del Trabajador Jurídico. Porque dicen defender la suerte de la exesposa de Ángel Santiesteban (a la que nunca llaman por su nombre), hablan por las mujeres que sufren violencia machista, pero su mayor preocupación es lo inobjetable del aparato de justicia.
No es extraño entonces que vengan a indignarse  cuando ha pasado el juicio y han dictado sentencia. Y es que ellas, antes que a lo ocurrido entre acusado y acusadora, reaccionan a las críticas hechas al proceso judicial. Su indignación va contra esas notas que apoyan a Santiesteban. Su objetivo es exorcizar el peligro de que esas notas se conviertan en campaña política contra el régimen.
La efemérides, el detalle de que todas las firmantes sean mujeres:  trucos en pro de verosimilitud o de sensiblería. Los derechos de la mujer, el mejor de los pretextos. Convocan a ese ejemplo cercano, el de Santiesteban, no por hacer visible lo extendido de un fenómeno, sino para que toda la violencia machista incida en su caso.  Y entonces poder exigir, después de una sentencia judicial, todavía más intervenciones: "Las instituciones y organizaciones cubanas deben pronunciarse sobre este caso en particular y también acerca de la violencia contra la mujer en nuestra sociedad".
La cuestión es abrirle otro juicio a Ángel Santiesteban. Castigarlo por las sospechas despertadas por su sentencia. Desbaratarlo, para que no alcance a ser bandera del enemigo.
Sandra Álvarez, Marilyn Bobes, Luisa Campuzano, Zaida Capote Cruz, Danae Diéguez, Laidi Fernández de Juan, Lirian Gordillo Piña y Helen Hernández Hormilla, firmantes del llamamiento y convocantes de más firmas, cumplen así lo que tanto negaran: la intromisión de la política en el caso. Consideran  al sistema judicial más allá de toda crítica y, sin embargo, se atreven a discutirle la decisión final y el turno último de castigo.
Uno lee los nombres de estas ocho escritoras y se pregunta qué habrán podido sacar de ciertos libros tremendos sobre la justicia. Kafka, por ejemplo. Dostoievski. Job. Los habrán leído para hacerse peores personas, para no entenderlos.

Escritoras de la UNEAC: ¿Por qué no hablan de Sonia Garro e Yris Pérez?

Sonia Garro
Yris Pérez Aguilera













Por Cuba Out

Las violaciones de DDHH en Cuba son el pan de cada día, pero como bien sabemos el  blanco favorito del régimen son la mujeres, aquellas dignas y valientes mujeres que portando solo un clavel y vistiendo de blanco piden incansablemente de manera pacífica el fin del oprobio, la libertad y el respeto de los derechos elementales consagrados por la ONU. Y no es secreto alguno que si estas valientes mujeres -además- son negras la saña con que les cobran su osadía es mucho mayor.

Por eso me dirijo abieramente a aquellas señoras escritoras que forman parte de la UNEAC y que tuvieron el descaro de dejarse usar por los agentes de la dictadura para humillarnos a todas las mujeres, porque si se humilla a una sola mujer, nos humillan a todas.

Fue tan ruin la maniobra de utilizar un día tan sagrado para los derechos de las muejeres justamente utilizándolas para justificar lo injustificable y criminalizar a un colega como lo es Ángel Santiesteban Prats que solo merecen ustedes mi compasión. Compasión por estar sometidas y dejarse someterse. Compasión por carecer de principios morales. Compasión porque ustedes mismas son víctimas de la violencia machista. La violencia no solo se expresa físicamente. La extorsión, las amenazas y el someterlas a un permanente estado de miedo es lo que las llevó a actuar así.

Pero hay mujeres muy dignas que -sin ser "intelectuales" y privilegiadas como ustedes- jamás permitieron que las extorsionen y jamás tuvieron miedo de las amenazas. Ellas parte de la reserva moral de la mujer cubana, aquella mujer que dignifica a todos y a cada cubano: son Sonia Garro -encarcelada sin juicio hace casi un año- e Yris Pérez Aguilera quien se encuentra en grave estado en Santa Claratras haber sido salvajemente golpeada en la cabeza por miembros de la policía.

Yo le pregunto a usted señoras escritoras de la UNEAC:

-  ¿dónde están ustedes cuando hay que reclamar la liberación de Sonia Garro en prisión sin juicio (al igual que su marido Ramón Muñoz) mientras su niña se encuentra atemorizada e impotente sin sus padres?
- ¿dónde están ustedes para denunciar la terrible golpiza propinada a Yris Pérez y que por ella se encuentra en estado delicado y a quien le niegan atención médica los "revolucionarios" médicos que juraron lealtad al régimen burlando el juramento hipocrático?
- ¿dónde están ustedes cuando cada domingo acosan, oprobian, detienen y encarcelan a las Damas de Blanco por marchar con un gladiolo en la mano?

La lista de preguntas podría ser infinita pero la dejo aquí porque no quiero quitarle primara plana a la denuncia por la brutal agresión a Yris y por el reclamo urgente por justica para Sonia.

Solo agrego: Qué Dios las perdone, yo jamás lo haré.