Son las seis de la tarde y la reunión política del colectivo La Vega
Tupac - Amaru está apunto de comenzar. Un viejo garaje decorado con
propaganda bolivariana hace de cuartel general de este grupo armado al
servicio de la revolución.
Armando lidera una de las columnas
del grupo. A su cargo tiene un total de unos cien hombres que controlan
la parroquia de La Vega, uno de los principales bastiones Chavistas de
la capital, Caracas. La Vega, al igual que otras parroquias populares
como el 23 de Enero, son territorios revolucionarios en los que estos
colectivos armados son la ley que marca el día a día de la ciudad.
La
reunión política comienza con un breve discurso de Armando en el que
enaltece los logros de las políticas bolivarianas del presidente Chávez.
Al cabo de un rato, y tras la intervención de varios miembros del
colectivo, el transfondo de la reunión sale a la luz. La reunión
política se convierte en una reunión militar en la que se determinan los
planes de las diferentes células del colectivo para las próximas
semanas. Entre ellos, destacan sobre todo la presión, persecución y
aniquilación de los enemigos que traicionan a la patria Bolivariana. «A
esas ratas capitalistas contrarias a la revolución tenemos que darles
plomo, son los traidores de la patria y hace tiempo que se vendieron a
los imperialistas de Estados Unidos», asegura Armando.
Desde
la llegada al poder del Movimiento Bolivariano, el presidente Chávez no
ha dudado, para salvaguardar su seguridad y la de su revolución, en
hacer uso de estos grupos paramilitares para sembrar el miedo y el
terror en las principales ciudades del país. Solo en Caracas conviven
más de una quincena de estos colectivos armados que se han convertido en
el mejor adalid de los intereses del presidente y en el más mortífero
verdugo de cualquier voz de la oposición.
Los cifras son
demoledoras. Según la revista «Foreign Policy», Caracas, con algo más de
tres millones de habitantes, tiene la mayor tasa anual de homicidios en
el mundo: 130 por cada 100.000 habitantes, más que Ciudad del Cabo,
Nueva Orleans y Moscú.
Al servicio de la Revolución
La Piedrita, Alexis Vive y los Tupac-Amaru -más conocidos como «
Tupamaros»-
son los colectivos más fuertes de Caracas. Sus cuarteles generales,
además de albergar el brazo armado del «socialismo del siglo XXI» del
presidente Chávez, se han convertido en plataformas de una caridad
viciada que mantiene secuestrados a los olvidados de la pobreza extrema
que abraza la capital venezolana.
En el corazón de sus
territorios, la presencia de cualquier autoridad es prácticamente nula.
La policía evita subir a los cerros y mucho menos inmiscuirse en los
asuntos de los colectivos, ya que estos informan directamente al Palacio
de Miraflores.
Además de su actividad paramilitar al
servicio de la Revolución , estos grupos son una de las principales
herramientas de propaganda de los valores de la nueva Venezuela. Entre
sus filas, un mar de fervientes colaboradores devotos al comandante
Chávez, y gracias a su apoyo económico incondicional, han logrado abrir
lazos de colaboración con otros movimientos internacionales cercanos a
la Revolución Bolivariana, entre los que ocupa un lugar muy destacado el
grupo terrorista ETA.
Publicado por
ABC
Barrio 23 de Enero, bastión del chavismo en Caracas
Por: Diego Alarcón Rozo /Caracas, Venezuela
Hugo Chávez cerrará este jueves su campaña en Caracas. El
Espectador visitó el 23 de Enero, uno de los bastiones del chavismo en
la capital.
Uno de los murales del 23 de Enero: el cura Manuel Pérez. / Diego Alarcón
Comando llega puntual al lugar de encuentro: estación del metro de
Aguas Salud, 11:00 a.m. Saluda amable, da la bienvenida y emprendemos el
recorrido por calles empinadas y paredes coloridas de la Parroquia 23
de Enero, la más revolucionaria de Caracas. “Oye, mi nombre es Alfredo
González. Todos aquí me dicen Comando, pero me llamo Alfredo. Llámame
como quieras”.
El recorrido es breve hasta la sede local del
Comando de Campaña Carabobo (CCC), desde donde se coordinan las
actividades de campaña del presidente Hugo Chávez para los más de cien
barrios que conforman la parroquia. “Oye, cuéntame: ¿cómo ve la gente en
Colombia que los camaradas de las Farc hayan decidido dialogar con el
presidente Santos?”, pregunta Comando.
En seguida entramos a un
salón en donde encontramos a Andrés Aguilar, un hombre enorme de 73
años, amable, escritor y guerrillero en los años 60, bajo la comandancia
de Argimiro Gabaldón. Andrés se encarga de las labores de propaganda en
CCC y Alfredo hace las veces de vocero local. Adentro ofrecen un
“guayoyo”, un café dulce, y comienza la conversación.
Entre los
transeúntes de la capital venezolana, el 23 de Enero se ha hecho una
fama oscura. “Hay gente que se ha encargado de satanizar”, comenta
Comando. Dicen que aquí no entra la Policía, que hay grupos armados que
simpatizan con Hugo Chávez, que imparten el bien y el mal entre los
barrios, que “limpian la sociedad”. ¿Sí? Para Andrés y para Alfredo lo
único cierto de todos los rumores es la admiración que la población del
23 le profesa al comandante Chávez, y que los colectivos sociales
realizan labores de asistencia a la población, con jornadas médicas,
alimentarias, culturales y deportivas. Esta es una comunidad socialista.
¿Por qué esa fama entonces?
“Porque
hemos sido una parroquia rebelde, contestataria —responde Alfredo—. Por
ahí comentan que hay delincuentes, que hay vainas. Eso es mentira. Esta
es una de las parroquias más sanas de las 22 del área metropolitana. Lo
que pasa es que nosotros siempre hemos tenido un arraigo de
autodeterminación, nos gusta arreglar nuestros propios problemas”.
Andrés Aguilar interviene: “Fundamentalmente somos nosotros quienes
arreglamos los problemas. La comunidad del 23 de Enero, a través de los
colectivos, a través de las organizaciones sociales, atacamos los
problemas, por ejemplo, el narcotráfico, que es poderoso y debemos
minimizarlo”.
Entonces, ¿cómo actúan, por ejemplo, cuando saben que alguien está delinquiendo?
“Bueno
—atiende Aguilar—, como en toda parte de Caracas hay delincuencia, pero
es combatida por los colectivos y la gente en los consejos comunales.
La gente identifica a los delincuentes y el paso a seguir se define
entre la comunidad: agarrarlo, entregarlo a la policía... cosas como
esas”.
¿Esto quiere decir que tienen armamento para combatir la criminalidad?
“Eso
no te lo voy a contestar. Yo no te puedo decir que existe un poder
armado ni nada de eso. Lo que te puedo decir es que nosotros combatimos
al hampa con nuestra política y nuestra organización”, aclara el hombre
mayor de forma serena.
Entre guayoyo y guayoyo, los dos hombres
relatan que históricamente el 23 se forjó al calor de la izquierda
revolucionaria, que sufrieron las represión de los gobiernos en los 70,
80 y 90, y que con Hugo Chávez han logrado una compaginación ideológica
única, un proyecto real y posible de socialismo. Por eso, a pocas
cuadras de aquí está el muro de los compañeros caídos en combate, con
retratos de Camilo Cienfuegos, el cura Manuel Pérez, Argimiro Gabaldón,
Ernesto Guevara...
Aguilar interviene: “Vamos a suponer que quieran tumbar a Chávez. Antes de bombardear Miraflores, bombardean el 23”.
Recorriendo
el barrio Monte Piedad, Alfredo González comenta que es miembro de uno
de los 25 colectivos con los que cuenta la parroquia. El suyo se llama
Colectivo Farabundo Martí y simpatiza abiertamente con el Eln
colombiano. Simpatizar con un grupo guerrillero es normal aquí: en la
plaza principal del sector se levanta un escenario, la “tarima
antiimperialista”, donde la subversión se asocia a causas justas y se
apoya de forma simbólica.
Con Comando hemos llegado hasta Plaza
Marulanda, una espacio imponente de rejas rojas en el que la
Coordinadora Simón Bolívar —otro colectivo— levantó en 2008 un busto en
homenaje a alias Manuel Marulanda Vélez, el fundador de las Farc. Desde
el extremo de la plaza en que nos encontramos no alcanza a verse y
Comando advierte que es mejor no acercarse porque no avisó a sus
compañeros de la Coordinadora: “Fíjate, nosotros aprendimos a ser
originales. Aquí pueden venir las Farc, el Eln, cualquier grupo
guerrillero, pero ellos son muy respetuosos y han convivido aquí, cómo
no, como nosotros hemos ido allá a los campamentos. El punto es que
nosotros no tenemos que ser como ellos, para nada, ni tenemos que hacer
lo mismo que ellos hacen”.
Alfredo tiene que marcharse. En la
campaña de Hugo Chávez para el domingo no puede haber descanso, más aún
cuando las actividades deben ser de “piel a piel”, para que “la gente
pueda decir: ‘¡Coño!, en verdad llega la voz del comandante’”.
Regresamos a la estación de Aguas Salud y Comando se despide: “¿Ves que
el 23 de Enero no tiene nada que ver con lo que habías escuchado...?”.