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jueves, 13 de diciembre de 2012
Continuamos la campaña ante la OPS por la libertad de Calixto
Antes de saber que Calixto abandonó la huelga de hambre -felizmente, porque no necesitamos mártires- Alfredo Viso continuó con las llamadas iniciadas ayer a las delegaciones de la OMS y la OPS, tanto en Washington como en La Habana.
Esta mañana a las 9:00 am llamó a la representacion de la Organizacion Panamericana de la Salud en Cuba -con amabilidad unos se pasan el fardo a otros- y el representante jamás se puso al teléfono.
La OPS no puede darle la espalda a Calixto porque fue él quien denunció cómo las donaciones que la organización envió a la isla se echaron a perder en los depósitos del aeropuerto. Y por otro lado, fue también Calixto quien informó al mundo de la realidad que azota a Cuba con las epidemias de dengue y cólera, las que quieren ser ocultadas por el régimen para no ver descender sus ingresos por el turismo.
Todas las denuncias de Calixto competen directamente a la OPS y la OMS, seguiremos insistiendo frente a ella hasta que se haga justicia con Calixto. Ya no está en peligro su vida al haber levantado la huelga de hambre, pero sigue en la jaula a la que le confinó el dictador por cumplir con su deber de investigar e informar.
Escuchen la llamada realizada a Cuba y piensen que si cada uno de ustedes hicieran llamadas similares por Calixto y todos los demás presos políticos y opositores acosados, la historia sería muy diferente.
La dictadura no nació por generación espontánea ni se irá de esa manera. Ayudemos a los valientes opositores que se la juegan día a día por todos los cubanos!
AUDIO:
Nota: Hay problemas con Goear, donde esta descargado el audio y esta presentando dificultades para escucharse integramente en muchos casos.
miércoles, 21 de noviembre de 2012
Joven se juega la vida en huelga de hambre por un delito que no cometió mientras delincuente castrista es premiado con ascenso
En Cuba matar una vaca es un delito grave; pero como todo lo que pasa en Cuba castrista depende de quién cometa el delito. En realidad tampoco importa si alguien cometió el delito si no que lo que importa es que el régimen decide que alguien cometió lo que en realidad nunca cometió y entonces comienza el fin de una pesadilla para el "elegido".
Michel Martínez Pérez tuvo la desgracia de ser el "elegido" y está pagando por un delito que jamás cometió. Y como es una persona de bien, decidió enfrentarse a la injusticia declarándose en huelga de hambre ya hace 33 días. Su mamá está desesperada porque no solo no existe la justicia en la Cuba de la tiranía si no que además ni siquiera le dejan ver a su hijo que se está jugando la vida en haras de la verdad y su libertad.
Mientras Lázara de Jesús Pérez Martín vive un calvario por lo que está pasando su hijo en la prisión de máxima seguridad de Agüica en Colón, Matanzas, un desgraciado y corrupto alcohólico que como único curriculum tiene el haber asesinado a cuchilladas a una vaca preñada, está a punto de ser incorporado como auxiliar de policía en Velasco, Holguín.
Este figura se llama Rubén González Velázquez y es un ejemplo más de lo que el régimen recluta para sostener por la fuerza y por la coacción sometido a todo el pueblo cubano.
Escuche el testimonio de Manuel Martínez que nos llena de pena y vergüenza pero nos da más fuerzas para luchar por el fin de la dictadura y la libertad de todos los presos políticos y de los presos que -como Michell- están enjaulados porque a un eunuco de Raúl se le dio la reverenda gana.
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jueves, 4 de octubre de 2012
SOS Internacional: Niurka Luque continúa en prisión. Su hija Suanet habla con Viso.
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lunes, 17 de septiembre de 2012
Raúl: AI y el mundo esperan que respondas por qué tienes retenido a #freeVazquezChaviano y que lo liberes
Las autoridades deben decir por qué mantiene recluido a Jorge Vázquez Chaviano, o liberarlo
Las autoridades cubanas deben explicar por qué no
liberaron el 9 de septiembre, tal como estaba previsto, al detenido
Jorge Vázquez Chaviano, o de lo contrario deben ponerlo en libertad
inmediata e incondicional. Así lo ha manifestado Amnistía Internacional,
mientras 26 disidentes cubanos mantienen una huelga de hambre en
solidaridad con su compañero.
Jorge Vázquez Chaviano, miembro de la organización Coalición Central Opositora, fue acusado de “actividades económicas ilícitas” y condenado a 18 meses de “trabajo correccional sin internamiento” en marzo de 2011.
Jorge Vázquez Chaviano, miembro de la organización Coalición Central Opositora, fue acusado de “actividades económicas ilícitas” y condenado a 18 meses de “trabajo correccional sin internamiento” en marzo de 2011.
En opinión del propio Vázquez Chaviano, esa condena obedece a motivaciones políticas, y tiene como finalidad castigarlo por sus actividades disidentes.
“El sistema de justicia en Cuba es sumamente arbitrario e injusto para las personas consideradas disidentes, pero la negativa a liberar a presos una vez cumplida su condena es algo insólito, y constituye una preocupante novedad”, ha manifestado Gerardo Ducos, investigador de Amnistía Internacional sobre Cuba.
“Amnistía Internacional pide a las autoridades que, a menos que puedan explicar de inmediato sobre qué base niegan la libertad a Jorge Vázquez Chaviano, pongan a éste en libertad inmediata e incondicional, y dejen de acosar a su familia”.
A Vázquez Chaviano lo detuvieron el 27 de marzo de este año cuando trataba de viajar desde su casa, en la provincia de Villa Clara, para asistir a una misa al aire libre celebrada en La Habana por el Papa Benedicto XVI, y le obligaron a cumplir entre rejas los seis meses restantes de su condena de prisión.
Una vez pasada la fecha del 9 de septiembre, no se tiene conocimiento de que haya sido acusado de un nuevo delito ni condenado a una nueva pena, y las autoridades no han dado ninguna razón de por qué no ha sido puesto en libertad una vez cumplida su condena. Permanece encarcelado en la prisión de “Alambradas de Manacas”, en la provincia de Villa Clara.
La esposa y la madre de Jorge Vázquez Chaviano fueron detenidas, junto con varios manifestantes más, el 10 de septiembre en su localidad de residencia, Sagua la Grande, provincia de Villa Clara, cuando pedían su liberación. A su esposa la mantuvieron recluida 24 horas antes de ponerla en libertad, y le advirtieron de que no volviera a hablar en público.
Jorge Vázquez Chaviano inició una huelga de hambre tras saber que iba a continuar encarcelado, y desde entonces se le han unido otras 26 personas de diversos puntos de la isla, que piden su liberación y un aumento de las libertades civiles y políticas en Cuba.
Entre las personas en huelga de hambre se encuentra Martha Beatriz Pérez Roque, de 67 años, directora de la Red Cubana de Comunicadores Comunitarios y ex presa de conciencia, quien, según los informes, se encuentra gravemente enferma.
“Puesto que el gobierno controla el sistema de justicia y los medios de comunicación, y reprime las protestas públicas, el único recurso que los disidentes sienten que les queda para hacer oír su voz es la huelga de hambre”, ha manifestado Gerardo Ducos.
Desde 2010, dos presos de conciencia, Wilman Villar Mendoza y Orlando Zapata Tamayo, han muerto bajo custodia mientras mantenían una huelga de hambre en protesta por su encarcelamiento injusto.
Publicado por AI
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sábado, 15 de septiembre de 2012
Para los incrédulos: conozcan los campos de concentración y tortura de los Castro
Los CEIS, campos de concentración y tortura de las FAR en Cuba
Por Andy P. Villa
GUADALAJARA, México, www.cubanet.org -No hay una falta de
ortografía en el título de este artículo. Así eran conocidos los campos
de concentración y trabajos forzados militares que tenían (o tienen
aún) las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Cuba: C.E.I.S., que
son las siglas de: “Centro de Entrenamiento Intensivo del Soldado.”
Lo curioso es que el entrenamiento intensivo al que eran sometidos allí los reclutas del Servicio Militar General (SMG) no era para formarlos en las técnicas de combate, o para especializarlos en el arte de “defender a la patria”, sino para “reeducarlos”, o más bien para someterlos a la obediencia cuando no cumplían a cabalidad con lo que se esperaba de ellos. Este entrenamiento consistía en torturas
basadas en el agotamiento físico extremo y el dolor corporal.
Cuando los soldados cometían reiteradamente indisciplinas, como fugas de la unidad militar, insubordinaciones, o incumplimiento en las guardias, eran enviados como castigo a estos lugares, que se encontraban diseminados por todo el territorio nacional. Si mal no recuerdo, algunos cercanos a la capital se encontraban en lugares como: San José de las Lajas, Managua, o Punta Brava, entre otros.
La decisión de mandar algún soldado a estos centros la tomaba su jefe de pelotón o de compañía y debía ser avalada por el Jefe de Unidad. Cuando esto ocurría, el soldado era apresado para que no escapara al conocer lo que le esperaba, y conducido en un jeep militar hacia su destino.
Yo nunca fui a una de esas prisiones, pero si tuve varios compañeros que pasaron por allí (de los “llamados”: 27, 271/2, 28 y 28 1/2, entre los años 1991 y 1993) y escuché muchos relatos sobre lo que tuvieron que soportar.
Los levantaban muy temprano en la mañana, entre gritos y ofensas. De desayuno les daban un poco de agua con azúcar, que debían beber en menos de un minuto, e inmediatamente empezaba el entrenamiento diario bajo el fuerte sol, con casco, pechera con cargadores, fusil, careta antigases, etc. Toda la mañana los mantenían haciendo ejercicios hasta el agotamiento y sin descanso, por lo que muchos no lo soportaban y se desmayaban, entonces eran conducidos a la enfermería y tan pronto se recuperaban regresaban al entrenamiento.
La mayor parte de los días no se podían bañar porque los oficiales decían que no había agua, y cuando llegaba, solo disponían de diez minutos para bañarse todos los reclusos juntos bajo unas pocas llaves de salida del preciado líquido, o al menos mojarse un poco el cuerpo para refrescarse y desprenderse de la tierra adherida al cuerpo durante días, sin ninguna clase de jabón o shampoo. Lo anterior provocaba una fuerte competencia por obtener el agua, riñas, y la humillación que caracteriza a estos métodos de desmoralización del ser humano.
A los pocos días de estar allí, en los pies se formaban ampollas muy dolorosas, pero los soldados eran obligados a ponerse las botas a como diera lugar y cumplir con el entrenamiento diario de 12 horas. Para que un recluso pudiera permanecer en la enfermería por algunos días completos, debía estar realmente en muy malas condiciones, o fingir muy bien.
El horario de almuerzo duraba unos pocos minutos, que realmente eran más que suficientes para consumir la poquísima comida que les daban y de muy mala calidad, por lo que perdían peso muy rápidamente. Yo conocí personas que regresaron a la semana de estar en un CEIS y era muy significativo su adelgazamiento y las ojeras características. Si estaban allá por 15 días, o más, regresaban irreconocibles.
Normalmente, la primera vez que llevaban a un soldado a un CEIS era por una semana y era más que suficiente para que aprendiera la lección y se comportara de ahí en lo adelante “correctamente”. Pero si eso no ocurría, eran enviados por segunda vez y por 15 días. Si reincidían, regresaban por tres semanas, o en el peor de los casos por un mes, aunque era poco común. En estos lugares no había visitas, ni llamadas telefónicas, ni ningún tipo de contacto con el exterior, hasta que regresara el jeep de su unidad a recogerlo, cuando lo entendieran sus superiores. Dicen que se sentía una gran alegría al ver a los oficiales que venían a buscarlos, una mezcla de felicidad y odio.
Si en algún momento del entrenamiento no rendían lo suficiente, eran ofendidos por los sargentos instructores que dirigían el entrenamiento, y en caso de que se negaran a obedecer eran golpeados por algunos de ellos, hasta que entraran en razones o terminaran en la enfermería. Se dice que fueron muchos los jóvenes cubanos que no aguantaron estas barbaridades y se suicidaron en aquellos famosos
campos de concentración conocidos como: “CEIS”.
En el caso de soldados indomables, que a pesar de visitar varias veces los CEIS reincidían en su rebeldía, como también los desertores de las FAR, eran juzgados ante un tribunal militar y condenados a cumplir sus sentencias en la prisión conocida como: “Ganuza”, por períodos de seis meses, un año, año y medio, o hasta por la totalidad del tiempo que les restara de Servicio Militar.
De los CEIS poco se habla o se conoce, pero eran mucho más duros y abusivos que los primeros campos de concentración castristas de los años 1960: las UMAP.
Andy P. Villa es autor del libro: “Memorias de 100 y Aldabó, la Prisión más Temible de Cuba“
Publicado por Cubanet
Lo curioso es que el entrenamiento intensivo al que eran sometidos allí los reclutas del Servicio Militar General (SMG) no era para formarlos en las técnicas de combate, o para especializarlos en el arte de “defender a la patria”, sino para “reeducarlos”, o más bien para someterlos a la obediencia cuando no cumplían a cabalidad con lo que se esperaba de ellos. Este entrenamiento consistía en torturas
basadas en el agotamiento físico extremo y el dolor corporal.
Cuando los soldados cometían reiteradamente indisciplinas, como fugas de la unidad militar, insubordinaciones, o incumplimiento en las guardias, eran enviados como castigo a estos lugares, que se encontraban diseminados por todo el territorio nacional. Si mal no recuerdo, algunos cercanos a la capital se encontraban en lugares como: San José de las Lajas, Managua, o Punta Brava, entre otros.
La decisión de mandar algún soldado a estos centros la tomaba su jefe de pelotón o de compañía y debía ser avalada por el Jefe de Unidad. Cuando esto ocurría, el soldado era apresado para que no escapara al conocer lo que le esperaba, y conducido en un jeep militar hacia su destino.
Yo nunca fui a una de esas prisiones, pero si tuve varios compañeros que pasaron por allí (de los “llamados”: 27, 271/2, 28 y 28 1/2, entre los años 1991 y 1993) y escuché muchos relatos sobre lo que tuvieron que soportar.
Los levantaban muy temprano en la mañana, entre gritos y ofensas. De desayuno les daban un poco de agua con azúcar, que debían beber en menos de un minuto, e inmediatamente empezaba el entrenamiento diario bajo el fuerte sol, con casco, pechera con cargadores, fusil, careta antigases, etc. Toda la mañana los mantenían haciendo ejercicios hasta el agotamiento y sin descanso, por lo que muchos no lo soportaban y se desmayaban, entonces eran conducidos a la enfermería y tan pronto se recuperaban regresaban al entrenamiento.
La mayor parte de los días no se podían bañar porque los oficiales decían que no había agua, y cuando llegaba, solo disponían de diez minutos para bañarse todos los reclusos juntos bajo unas pocas llaves de salida del preciado líquido, o al menos mojarse un poco el cuerpo para refrescarse y desprenderse de la tierra adherida al cuerpo durante días, sin ninguna clase de jabón o shampoo. Lo anterior provocaba una fuerte competencia por obtener el agua, riñas, y la humillación que caracteriza a estos métodos de desmoralización del ser humano.
A los pocos días de estar allí, en los pies se formaban ampollas muy dolorosas, pero los soldados eran obligados a ponerse las botas a como diera lugar y cumplir con el entrenamiento diario de 12 horas. Para que un recluso pudiera permanecer en la enfermería por algunos días completos, debía estar realmente en muy malas condiciones, o fingir muy bien.
El horario de almuerzo duraba unos pocos minutos, que realmente eran más que suficientes para consumir la poquísima comida que les daban y de muy mala calidad, por lo que perdían peso muy rápidamente. Yo conocí personas que regresaron a la semana de estar en un CEIS y era muy significativo su adelgazamiento y las ojeras características. Si estaban allá por 15 días, o más, regresaban irreconocibles.
Normalmente, la primera vez que llevaban a un soldado a un CEIS era por una semana y era más que suficiente para que aprendiera la lección y se comportara de ahí en lo adelante “correctamente”. Pero si eso no ocurría, eran enviados por segunda vez y por 15 días. Si reincidían, regresaban por tres semanas, o en el peor de los casos por un mes, aunque era poco común. En estos lugares no había visitas, ni llamadas telefónicas, ni ningún tipo de contacto con el exterior, hasta que regresara el jeep de su unidad a recogerlo, cuando lo entendieran sus superiores. Dicen que se sentía una gran alegría al ver a los oficiales que venían a buscarlos, una mezcla de felicidad y odio.
Si en algún momento del entrenamiento no rendían lo suficiente, eran ofendidos por los sargentos instructores que dirigían el entrenamiento, y en caso de que se negaran a obedecer eran golpeados por algunos de ellos, hasta que entraran en razones o terminaran en la enfermería. Se dice que fueron muchos los jóvenes cubanos que no aguantaron estas barbaridades y se suicidaron en aquellos famosos
campos de concentración conocidos como: “CEIS”.
En el caso de soldados indomables, que a pesar de visitar varias veces los CEIS reincidían en su rebeldía, como también los desertores de las FAR, eran juzgados ante un tribunal militar y condenados a cumplir sus sentencias en la prisión conocida como: “Ganuza”, por períodos de seis meses, un año, año y medio, o hasta por la totalidad del tiempo que les restara de Servicio Militar.
De los CEIS poco se habla o se conoce, pero eran mucho más duros y abusivos que los primeros campos de concentración castristas de los años 1960: las UMAP.
Andy P. Villa es autor del libro: “Memorias de 100 y Aldabó, la Prisión más Temible de Cuba“
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domingo, 12 de agosto de 2012
Grave denuncia: brutales agresiones y sobredosis de medicamentos a un recluso en Santiago de Cuba
Ovidio Martín Castellanos, Coordinador Nacional de UNPACU en Santiago de Cuba, informa la precaria situación del recluso Eliecer Font Ramos, ingresado actualmente en el hospital para reclusos de la prisión de Boniato en Santiago de Cuba, tras ser víctima de una brutal golpiza por los guardias de la cárcel debido a sus contínuas protestas por las condiciones infrahumanas y de abusos en que vive.
Su hermana, Mónica Font Ramos, esta muy preocupada por los fármacos que le están administrando a su hermano Eliecer y hace un llamado de solidaridad para aquellos que deseen comunicarse con ella al teléfono 691593 en Santiago de Cuba.
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