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martes, 7 de agosto de 2012

Carta a Carlos Olivares de su hija por su cumpleaños

Testimonio de la hija del ex embajador en la URSS



A mi padre el Dr. Carlos Olivares, el hombre que me enseñó a ser valiente
aún cuando él no podía serlo

Por Amel Olivares*

Mañana mi padre cumple 83 años y no sé si lo volveré a ver.

He siempre sido una persona muy discreta respecto a mi familia y especialmente sobre mi padre, por muchas razones.  Creo más que nada por un elevado instinto de supervivencia que desarrollé desde la adolescencia.

Mi padre fue responsable del Movimiento 26 de julio en Oriente después de la muerte de Frank País.   El creía en la realización del sueño de justicia por el que tantos valiosos hombres habían luchado, pero su mayor error fue la ingenuidad y haber puesto total confianza en dos seres execrables: Fidel y Raúl Castro.

Después del triunfo de la mal llamada “Revolución” mi padre cubrió el rol de viceministro del Ministerio de Relaciones Exteriores, encargado de los recursos humanos.   Apenas Raúl Roa (del que Fidel no confiaba para nada y había pedido a mi padre que lo controlase desde su posición) fue enviado a la ONU, mi padre lo sustituyó como Ministro.  En ese período se crea todo el cuerpo diplomático del nuevo sistema.

La crisis de Octubre (la crisis de los misiles) llevó  a un punto de enfrentamiento  entre Fidel Castro y los rusos.  El 5 de mayo de 1962 a Faure Chomòn se le ordenó regresar a La Habana.   El embajador soviético, por su parte, retornó a la Gran Patria.  Castro consideró al embajador responsable de una conspiración apoyada por los rusos y organizada por Aníbal Escalante contra su persona.

Aunque mi padre no era santo de la devoción de Fidel Castro, por ser abogado con especialización en derecho internacional y diplomático,  lo designaron Embajador plenipotenciario en la URSS.  Su misión fue resolver el conflicto con el Kremlin.  Castro tenía muchas cosas que ofrecer al Imperio soviético en cambio de su petróleo, dinero sucio y el anhelado ingreso en el Pacto de Varsovia. Las acciones de venta de la Independencia cubana a los nuevos dueños fue un éxito rotundo y satisfecho. 

En 1963 "El Dictador en Jefe" decidió realizar un extraordinario y extendido viaje a la URSS.  La antipatía contra mi padre se acentuó cuando el embajador ruso negó una autorización al Dr. René Vallejo, médico personal y amigo-brujero de Fidel Castro. Ahí se inició el infierno.

En la década de los ochenta fuimos sometidos a una represión psicológica atroz.  Nuestras vidas eran constantemente amenazadas.  Por más de veinte meses violaron diariamente nuestro domicilio.  Tenían las llaves de nuestra casa y  en la madrugada para aterrorizarnos golpeaban las puertas de nuestro hogar. Nos llamaban a toda hora anunciando la muerte inmediata de uno de los miembros de nuestro reducido núcleo familiar.  Dos veces lanzaron un automóvil contra mis padres con la intención de “mandarlos a mejor vida”. Vivíamos en absoluto pánico. Radio Martí se puso en contacto con mi padre y él negó cuanto estaba sucediendo. Yo por mucho tiempo no pude perdonárselo.  No comprendía el silencio. Ahora sé que lo hizo para protegernos

No me extenderé a realizar una biografía de papá, deseo sólo hacerle un regalo en su cumpleaños, decir públicamente que amo al hombre que me enseñó a ser valiente aún cuando él no podía serlo.  Me enseñó, cuando a él le era negado revelar ciertas verdades porque le iba la vida y la de sus seres queridos, a ser honesta y actuar con transparencia y rectitud.  El fue quien que abrió mi intelecto al mundo de la filosofía, la retórica, la discusión dialéctica, y también a la poesía, a la historia y a las antiguas culturas.

Mi padre aún va a votar, escucha los discursos de los dictadores, y recibe sus deshonrosas medallas, pero sé que su vida en los últimos 30 años y cada una de sus acciones se han desarrollado en función de protegernos.

Obedecer a sus amos y la perenne humillación ha sido el precio que ha pagado por haber creído en ellos y por cada uno de los errores que su incondicional lealtad le ha hecho cometer. Errores que me duelen profundamente en el alma y en la consciencia y por ellos pido perdón a mis hermanos y a las víctimas de la dictadura.  Sé que mi padre sufre el chantaje de los sátrapas.

Mañana mi padre cumplirá 83 años y yo no estaré a su lado.   No podré abrazarlo ni felicitarlo, pero él sabe que estoy aquí de la parte de la Libertad, donde mi consciencia me ha conducido, junto a los cubanos de bien, junto a los que verdaderamente desean una Cuba democrática. El sabe de la pureza de mis ideales y que no renunciaré hasta ver mi Cuba libre de tiranos. Pienso que aunque no lo diga, aunque calle, íntimamente se siente orgulloso de haber generado en mí esta insaciable ansia de justicia, este espíritu irreverente y contestatario.


¡Viva Cuba Libre!

Milán 3 de agosto 2012.
 
*Amel Olivares es Delegada de Cuba Independiente y Democrática (CID) en Italia
Publicado por CID

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